Considerado uno de los máximos exponentes de la pintura vanguardista en Cuba, Wifredo Lam nació el 8 de diciembre de 1902 en Sagua La Grande, Cuba.
Estudió en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana, y posteriormente ingresó a la Academia de San Alejandro en la que reafirmó su vocación como pintor en 1923. Ese mismo año recibió una beca para estudiar en Europa.
Durante su estancia en España, se dejó influenciar por las ideas y los movimientos del arte moderno de maestros como Velázquez, Goya y Bosch Bruegel, quienes lo obligaron a prolongar su estadía en ese país por casi 14 años, periodo donde descubre las relaciones entre el arte occidental y el llamado “arte primitivo”.
Eva Sébastiana Piriz fue su primera esposa y con ella engendró a su primogénito, Wilfredo Victor, pero para el infortunio del pintor, ambos mueren a causa de la tuberculosis; hecho que generó gran impacto en la obra de Lam, de acuerdo con la biografía publicada en el sitio web “www.wifredolam.net”.
Inició su vida como activista y participó con diversas organizaciones hasta 1936, año en el que junto a su amigo Faustino Cordón se unió a las fuerzas republicanas para luchar contra la dictadura del general Francisco Franco en España.
Dibujó carteles antifascistas y trabajó en una fábrica de municiones, vivencias que inspiraron su obra “La Guerra Civil”.
Antes de viajar en 1938 a París, tuvo la oportunidad de tratar con Pablo Picasso, quien lo consideró como un “primo” y lo presentó con sus amistades. Fruto de esta amistad conoció a Braque, Matisse, Miró, Léger, Éulard, Leiris, Tzara, Kahnweiler, Zervos y Pierre Loeb.
En 1939, con la ayuda de Loeb montó su primera exposición en la Galería Pierre, ubicada en el corazón de París.
Poco tiempo después, iniciada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Lam abandonó la capital francesa y se trasladó a Burdeos y luego a Marsella, donde se reunió con un gremio de amistades principalmente surrealistas.
Conoció a André Breton, Pierre Mabille, René Char, Max Ernst, Victor Brauner, Oscar Domínguez, André Masson y Benjamín Péret. Con ellos trabajó en la Quinta Air-Bel, en la que comenzó a experimentar y realizar una serie de dibujos a base de tinta.
En 1941 regresó a Cuba, desde ahí ilustró el poema “Fata Morgana”, de Breton, que fue censurado por el gobierno francés.
Luego de casi 20 años de ausencia, comenzó a trabajar en el enriquecimiento de la cultura afrocubana. Durante este periodo realizó más de un centenar de pinturas, entre ellas, “La Jungla”, una de las más afamadas de Lam.
En 1942 realizó exposiciones en Boston y Nueva York, Estados Unidos, y cuatro años después se trasladó a Haití, donde participó en ceremonias vudús en compañía de su esposa Helena. En este tiempo constituyó otro periodo trascendental en su obra, asegura la crítica especializada, pese a que él declaró al respecto:
“La gente cree sin razón que mi obra tomó su forma definitiva en Haití. Mi estancia allá la extendió solamente, como el viaje que hice a Venezuela, Colombia y a El Mato Grosso brasileño. Habría podido ser un buen pintor de la Escuela de París, pero me sentía como un caracol fuera de su concha. Lo que verdaderamente extendió mi pintura, fue la presencia de la poesía africana”, cita la fuente.
En 1946 viajó a Nueva York y conoció a Marcel Duchamp, Jeanne Reynal, James Johnson Sweeney, Arshile Gorkoy, Nicolas Calas, Roger Wilcox, Mercedes Matter, Ian Hugo, Jesee Fernández, John Cage, Sonia Sekula e Yves Tanguy.
Ese mismo año se trasladó a Europa y coincidió con Noguchi, Hare, Motherwell, Pollock, Asger Jorn y el grupo surrealista CoBrA.
Posteriormente, en 1947, modificó su estilo, ya que combinó el arte africano y el de Oceanía. Su trabajo logró una amplitud internacional y apareció en revistas como: Instead, ArtNews y View, entre otras.
Montó exposiciones en Estados Unidos, Haití, Cuba, Francia, Suecia, Inglaterra, México, Moscú y Praga.
Tras su divorció con Helena Holzer en 1952, se mudó a París, donde tres años más tarde conocería a la artista sueca Lou Laurin, quien se convertiría en su tercera esposa.
Ya iniciada la década de los 60, reflejó un interés por el grabado y con ayuda de Giorgio Upiglio inició un periodo creativo que se extendió hasta la década de los 80.
Durante los últimos años de su vida viajó a París y a Abissola Mare (en Italia), siendo esta última ciudad donde instaló un taller en el que realizó numerosas exposiciones y retrospectivas hasta su muerte el 11 de septiembre de 1982 en la capital francesa. Sus restos fueron trasladados a Cuba.