Ralf Dahrendorf, profesor germano-británico, afirmaba que "el conflicto es un factor necesario en todos los procesos de cambio". En la medida en que las reformas que el gobierno ha propiciado comiencen a ser implementadas, comenzará a ser clara la complejidad que semejante proceso entraña.
En su dimensión económica, el planteamiento inherente a las reformas es que se requiere alinear los incentivos de todas las partes -sectores, grupos sociales, gobierno- para que el país progrese. Implícito en esa visión se encuentra el reconocimiento de que en el país pervive una divergencia de acciones y motivaciones entre los actores económicos y políticos y todo lo que hay que lograr es alinearlos. El planteamiento es impecable, pero padece de una contradicción de arranque: el problema no yace en los incentivos sino en los objetivos. Es decir, no es que algunos de los participantes en la sociedad o en los mercados estén errando su camino, sino que efectivamente tienen objetivos distintos.
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