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Un juego peligroso

La ludopatía: Cuando ganar y perder ya no es suficiente

Un juego peligroso

Un juego peligroso

Ximena Martínez González

El sonido de las monedas al caer, la combinación de luces de colores y la presión que la mano ejerce en la palanca de una máquina pueden parecer extraños o lejanos para algunas personas, pero para otras, es algo que de verdad les quita el sueño. La adicción por los juegos de azar y apuestas ha ido creciendo con el paso de los años, aún cuando el número de casinos en la región es casi nulo. Fernando Balli, médico general y psicoterapeuta, y Omar Villarreal, director de Libérate Laguna, definen la ludopatía como un trastorno de bajo control de impulsos, considerándola una enfermedad multifactorial que afecta física, social, emocional, mental y espiritual al individuo que la padece. En algunos casos extremos, las consecuencias son tan altas que han llegado a la peor de todas, el suicidio.

En el año 2013, la Asociación Americana de Psiquiatría presentó la última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), en el cual se incluyó una nueva categoría denominada “adicciones conductuales”, incluyendo el juego patológico o ludopatía. Hoy en día, son pocas las personas que se atreven a admitir que viven en una fantasía que va deteriorando su calidad de vida social, familiar y personal.

Ludópata ¿yo?

Desde hace cinco años, en Torreón se encuentra activo el grupo de Jugadores Anónimos, el cual abre las puertas a todas aquellas personas con este problema o que creen padecerlo. Enrique, ludópata con cinco años de recuperación, comenta que la persona adicta al juego comienza a sentir impulsos que se desatan y aquella que ya se encuentra inmersa en el juego no comprende el porqué sucede esto, ya se encuentra fuera de su voluntad. Ni el mismo jugador ni su entorno entienden por qué no puede contener el impulso tan fuerte que se desata a través del juego. “El problema no son los casinos; viéndolo desde otra perspectiva, los casinos son fuente de trabajo y diversión, sin embargo, son las personas que se vuelven adictas quienes se convierten en el problema. Aquí en la región el aumento de ludópatas se debió gracias al inicio de estos lugares, sin embargo, siempre han existido”, señala.

Para ciertas personas el ingresar a un casino es entrar a un mundo completamente diferente. Aquí, comienzan a vivir lo que ellos quisieran que fuera “su realidad”, algo completamente distorsionado a la vida diaria. Tere, fundadora del grupo Jugadores Anónimos en Torreón con 6 años de recuperación, comenta que los jugadores compulsivos simplemente no quieren salir de ahí, dejando todo a juego, la quincena, la colegiatura de los hijos, dinero que han pedido prestado, etcétera. Ahí da inicio un grave problema.

Las personas ludópatas buscan la manera de escapar, utilizando el juego como alternativa. Lo único que existe en su mente es la máquina o cualquier cosa que le provoque jugar y apostar dinero. El agotamiento físico llega, debido a la cantidad de horas que se han utilizado y aún cuando el jugador compulsivo intenta dormir, lo único que ronda por su mente es que llegue la hora para poder ir a apostar de nuevo. “Quieres escaparte de la realidad, ya no buscas vivir tu situación prefieres escapar”, comenta Enrique.

Cualquiera pudiera pensar que un ludópata es un gran negocio para los casinos, sin embargo, esto no es así. Se llega a un grado en donde con tal de seguir jugando, la persona compulsiva comienza a observar muy detenidamente la manera de jugar de otros clientes para posteriormente pedirles dinero prestado. Esto resulta incómodo y pueden llegar a ser expulsados del lugar, incluso prohibiendo su entrada en ocasiones próximas.

El momento de tocar fondo

“Es una frontera invisible”, comenta Enrique. Una de las principales características de la ludopatía es el daño tan grande que provoca en distintos niveles: familiar, social, económico. Un ludópata todo el día está pensando en jugar, comienza a mentir, se aleja de sus seres queridos y las apuestas y el juego se convierten en el eje central de su vida. “El juego es el único objetivo de la vida de un ludópata, va llenando todo el espacio de la actividad diaria del sujeto, descuidan su vida, trabajo, aseo personal y después llegan un sinfín de problemas económicos y emocionales”, señala Enrique.

Hay ciertos avisos, señales, que los jugadores compulsivos no detectan. En el fondo los perciben, pero es más sencillo bloquearlos que aceptarlos. El doctor Fernando Balli menciona que algunos de estos signos de alerta son el descontrol progresivo de gastos excesivos, problemas legales y familiares, estrés, depresión, ansiedad y el aumento de otras adicciones como el alcohol, drogas, etcétera.

El tiempo y el dinero dedicado a las apuestas comienza a incrementar, rebasando el límite que tú mismo te impusiste al inicio. Una persona adicta al juego debe tener presente que no existe tal cosa como “lo puedo controlar, lo voy a controlar” porque al final, terminas apostando todo lo que te queda incluso al grado de comenzar a pedir prestado. “No, el control no se da, al contrario, sigues avanzando, esto es progresivo, no se detiene”, dice Enrique.

Otro tipo de señales de alerta para un ludópata comienzan en los momentos que te alejas de tu vida social para recurrir a los casinos, al grado de comenzar a mentir con que tienes otras cosas que hacer y al final del día, pasaste horas en el casino. “Muchas cosas son inconscientes. Empiezas a mentir y elaborar mentira tras mentira hasta que llega un momento en que te preguntas a ti mismo ‘¿qué me pasa? yo antes no era mentiroso’”, comenta Enrique.

La adicción no cesa de manera mágica, aunque el jugador así lo desee. Cuando una persona compulsiva puede comenzar a preocuparse por sí mismo es tocando fondo, es decir, que suceda algo sumamente grave para su persona o su alrededor que lo haga decir “basta, hasta aquí”. Tere comenta que su salud se comenzó a ver afectada ante el juego, “también fue la parte económica, pero ya me sentía mal físicamente, me daba taquicardia, ansiedad por la noche y no podía dormir, sumado a todos los problemas que se acumulan, llegue al grado de pensar que me iba a dar un paro cardiaco”. El director de Libérate Laguna señala que ha llegado a haber casos de robo con violencia con tal de tener dinero para satisfacer esta necesidad; en otras ciudades y países, las deudas y desesperación han sido tan graves que ludópatas han llegado al suicidio.

Un camino difícil

Como cualquier otra adicción, la ludopatía no se cura por completo, pero si se logra controlar. Tere explica que al principio es un camino por recorrer muy difícil, no te controlas de la noche a la mañana. Lo primero que una persona con este problema debe afrontar es la aceptación, paso más complicado para cualquier adicto, “ninguna persona quiere dar ese paso por vergüenza ante su familia o su entorno”. Es normal que las personas que inicien su tratamiento dentro de los grupos de ayuda, sigan con la adicción, “yo iba a las juntas de Jugadores Anónimos en Monterrey y regresaba a mi ciudad y volvía a ir al casino. Es decir, estás consciente de que estás mal, de que tienes un problema, pero sigues jugando”. El psicoterapeuta Fernando Balli considera que la mejor manera de tratar a un ludópata es por medio de grupos de este tipo, en donde se maneja el método de los 12 pasos y el apoyo de jugadores hacia sus iguales.

“Nadie entiende mejor a un jugador, que otro jugador. En el grupo se otorga algo que no da ningún consultorio de psicólogo o psiquiatra: los ponemos ante su espejo”, cuenta Enrique, por experiencia propia. Un nuevo integrante del grupo debe sentir una gran empatía con los que le rodean, es decir, tener la oportunidad de decir todo eso que lleva dentro, todos los secretos que no lo dejan avanzar sin ser juzgado, al contrario, con gente que lo entiende y se encuentra o encontraba en su misma situación.

La persona ludópata trata de apagar todas sus emociones, de no sentir y de esa manera rechazar todo aquello que las demás personas le dicen. “Nosotros mismos nos desconcertamos, qué sucede con nuestro ego, es fuertemente golpeado con una inseguridad de no poder con esta adicción. En el grupo invitamos a la gente a que hable, a que vea que no es el único y no está solo”, dice Enrique.

Apuestas para todos

Con el tiempo se ha dicho que el sexo femenino es más propenso a caer en la ludopatía, en la obsesión de dedicar la mayor parte de su día encerradas en un casino. Al respecto Tere considera que esto se puede deber a que hay más mujeres solas, es decir, pensionadas, siendo más factible pasar su día en un casino y además son seres más sentimentales que los hombres. El trato recibido en un casino por lo general es muy bueno, la atención es de primera haciéndote sentir importante; esto, para quienes se sienten solas es como una manera de experimentar bienestar. Sin embargo, los hombres y además los jóvenes también se refugian en este mundo para evitar la realidad; hoy en día hay más gente joven involucrada que años atrás.

No existe un perfil como tal de un ludópata; cualquier persona puede caer en esta adicción. Ángela, jugadora compulsiva, explica que es posible que personas con problemas personales no resueltos o duelos de por medio pueden ser más propensas a caer en esta tentación, debido a que lo ven como una salida de su dolor y realidad. “Se te olvidan todos los problemas, no hay situaciones específicas, cualquiera puede caer. Hemos visto desde personas muy exitosas, de gran profesión, hasta gente con un pequeño negocio”.

Más allá de los casinos

La ludopatía no se da únicamente en casinos. Las “jugaditas” en casas son otras maneras de apostar aunque sea en menor instancia. Hoy en día, vivimos frente a un factor que de ser utilizado de manera incorrecta puede convertirse en una arma muy peligrosa: el Internet. Las apuestas por medio electrónico se han vuelto más populares entre los jóvenes, facilitando la posibilidad de convertirse en un adicto.

Otra manera de jugar compulsivamente son las carreras de caballo, apuestas en deportes, la lotería y todos los juegos de azar donde compras un billete y esperas ansiosamente la llegada de los números en el periódico para observar si fuiste el ganador. Estos juegos, comenta Enrique, se dan más en los hombres, y también es una manera de caer en una adicción y ansiedad muy fuerte, a pesar de que el resultado no sea inmediato, como en el caso de las maquinitas.

¡Todo tiene solución!

Por ningún motivo se debe llegar a pensar “nunca me voy a recuperar”. Por el contrario, toda persona con adicción puede retomar las riendas de su vida y salir adelante. Tere comenta que durante los primeros tres meses en el grupo, comienzas a cambiar muchas cosas y en ese tiempo encuentras la manera de cómo arreglar tus deudas, cómo enfrentar a aquellas personas a las que les debes dinero y aceptar que tienes un problema, dejando la vergüenza de tus actos pasados atrás. “Sí puedes, sí puedes empezar a recuperarte económica y moralmente”.

Dentro del grupo, el nuevo integrante se da cuenta por medio de las experiencias de los demás la manera en que él mismo puede salir adelante. “Empieza a ver las estrategias que fue utilizando el otro y las aplica a su vida, a su individualidad, de la misma manera va viendo cuáles son sus debilidades y factores que disparan su necesidad de jugar y los elementos que necesita para disminuir esos impulsos”, explica Enrique, “decimos ‘yo te regalo mi vida, mi experiencia, para que tú vayas observando y las comiences a aplicar a tu vida’”.

A la persona ludópata se le recomienda acudir, además de a un grupo de ayuda, con un psicólogo con quien pueda hablar de cuestiones más intimas de su vida. El doctor Fernando Balli comenta que lo ideal al momento de iniciar con las juntas es acudir diariamente durante 90 días, ya si después de este tiempo no hubo mejora, se recomienda buscar otras alternativas, como clínicas de internamiento. En dichos establecimientos se inicia con 60 días de internado y el sistema de recuperación es el mismo que en el grupo de Jugadores Anónimos, pero con profesionales de por medio; la decisión de acudir a una clínica ya sería en casos extremos.

Tere comenta que un ludópata recuperado no se puede confiar en que ya tiene “controlada” la adicción, pues una vez que retomen el juego no van a empezar desde cero, sino desde donde se quedaron la última vez. “Siempre decimos, por ejemplo en mi caso, estoy a seis años de mi última apuesta, pero tan cerquita de la siguiente. Puede ser ahorita o mañana”. Un jugador compulsivo siempre debe estar alerta y fortalecerse a través del grupo.

¿Cómo prevenirla?

Omar Villarreal advierte que un indicio de un futuro ludópata es que desde niños tienden a jugar con juegos pirotécnicos (piromanía) o el robo compulsivo. Debido a esto, se recomienda a los padres de familia mantener especial atención a aquellos niños con dichas características.

La diferencia de la ludopatía con otro tipo de adicciones como las drogas o el alcohol es que ésta no se nota, no tiene síntomas, es decir, es una adicción silenciosa que ni la persona adicta ni su alrededor perciben. Esto la hace sumamente peligrosa, porque cuando empiezas a notar tu adicción, ya existe mucho daño de por medio. Es importante apoyarse de los seres queridos, cualquier persona que comience a recurrir casinos debe mantener la cabeza bien fría para no caer en excesos, así como las personas de su alrededor observar que no pase tanto tiempo en el lugar.

Por último, Tere subraya que la atención a la familia de un ludópata es muy importante, pues la adicción se lleva en la sangre y fácilmente quien se encuentre relacionado directamente con el jugador puede caer en ella. “Yo hablo con mis hijos, así como normalmente cuidas que no tomen o no utilicen drogas, también hay que alertarlos del peligro que es jugar y apostar en exceso”. La confianza en la familia es muy importante para detectar cualquier indicio de adicción.

Algunas de las veinte preguntas para detectar a un ludópata

1. ¿Has faltado alguna vez al trabajo debido al juego?

2. ¿Has vendido alguna vez algo para financiar tu afición?

3. ¿Has considerado alguna vez la autodestrucción como consecuencia de tu afición a jugar?

4. ¿Ha causado infelicidad en tu vida la afición de jugar?

5. ¿Alguna vez has cometido o pensado en cometer un acto ilegal para financiar tu afición a jugar?

6. ¿Apostabas a menudo hasta perder tu último peso?

7. ¿Te hizo la afición a jugar que descuidaras tu propio bienestar y el de tu familia?

*Si contestaste sí a alguna de estas preguntas, son signos de alerta, ¡busca ayuda! y contesta el resto del cuestionario para determinar tu estado.

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