
Busca ascender los 10 volcanes más altos del mundo. (EFE)
Para Jaime Viñals, el primer montañero guatemalteco en alcanzar la cumbre del Everest, la vida es ese segundo que transcurre entre la conquista de lo impensable y el desafío de un nuevo imposible. Por eso acumula retos, uno tras otro.
El último: ascender los 10 volcanes más altos del mundo.
Hasta el momento ha logrado trepar seis de ellos, incluido el nevado Ojos del Salado, en Chile, el más alto del mundo con 6,892 metros. Después vendrán el Monte Pissis o Pillanhuasi (6,795), en Argentina; el Nevado Sajama, en Bolivia (6,572), el Llullaillaco (6,739), en Salta, también en Argentina; el Walther Penck (6,658) y el Incahuasi (6,610 metros), ambos también en el límite de Chile con Argentina.
En los próximos meses, Viñals tiene previsto ascender varias cumbres por encima de los 6,000 metros en la Cordillera Blanca de Perú como preparación para dos volcanes más dentro del reto: el Bonete Chico, de 6,759 metros, ubicado en la provincia argentina de La Rioja; y el Tres Cruces Sur, de 6,749 metros, en la frontera entre Argentina y Chile.
Después ya solo faltarán el Tupungato (6,570) y El Muerto (6,486 metros), también en el linde de los dos países. El objetivo es completarlos antes de marzo de 2017.
De vuelta a Guatemala, Viñals, de 49 años, sigue entrenando duro: cuatro horas de gimnasio diarias, entrenamientos con cuerdas, arnés y prácticas de escalada con arena congelada para simular las condiciones de hielo a las que se enfrenta habitualmente.
"Es una preparación física, mental y técnica", explica en una entrevist. Por eso, para alistar su mente para el duelo con la montaña, acude también al volcán Acatenango, en las cercanías de la ciudad colonial de La Antigua.
Allí, con la única compañía de sí mismo, Viñals escala y trota a lo largo de un kilómetro de diámetro durante cinco días. Apenas se alimenta: solo lleva comida para dos jornadas. Solo así aprende uno a retar a las cumbres. A retarse a sí mismo.
"El único límite que hay para uno es uno mismo", asegura Viñals, quien aprendió desde pequeño el valor de lo que significa superarse: "La educación que me inculcaron mis padres me enseñó a no rendirme".
En mi casa, relata, mis progenitores nunca me aleccionaron en la cultura del "no puedes", incluso cuando sus hermanos mayores trepaban por árboles y saltaban riachuelos "jamás me dijeron que no": "Eso me enseñó a mí a ser así". Indómito.
Siendo un estudiante de biología de la universidad San Carlos de Guatemala descubrió su pasión por las montañas. Por esa lucha entre "lo positivo y lo negativo" que "todos llevamos dentro". Fue un 20 de diciembre, en su primer ascenso, cuando encontró su camino: "Lo que viví aquel día fue tan intenso que cambió el curso de mi vida".
Entonces comenzó a escalar sin descanso, durante seis años, las 594 cumbres registradas de Guatemala. Se enamoró de lo que descubrió: los paisajes, las culturas indígenas, los límites del cuerpo.
"Aprendí a romper barreras de pereza, de disciplina, de constancia", recuerda.
Al tiempo, descubrió el hielo y el vértigo de la alta montaña, de los Nevados mexicanos a la Patagonia, hasta alcanzar su reto más importante: la conquista del Everest.
Viñals alcanzó la cima más alta del mundo un 23 de mayo de 2001.
Era el primer centroamericano en lograrlo. Mas las sombras de la memoria no lo abandonarían jamás: en su primer intento por hacer cima, en 1994, cuatro personas fallecieron.
"Murieron por nuestra ignorancia", repite, como si aún no se hubiese perdonado. Los efectos de la altura resultaron devastadores.
"Eso fue lo más duro que me ha pasado", insiste un hombre que ha caminado entre minas en Guatemala, tratado con guerrilleros en Colombia o con caníbales en Nueva Guinea. Nada de eso es comparable a ver caer a un compañero de la montaña.
A Viñals no le gusta escalar solo, -"no considero que ninguna montaña sea una lugar seguro para un sola persona"-, por eso en su reto de los volcanes lo ha acompañado hasta ahora el costarricense Warner Rojas.
La idea es que lo siga haciendo y que juntos puedan alcanzar los diez cráteres más altos del planeta, todos ubicados en el continente americano.
"Son cumbres diferentes", explica Viñals: el tipo de roca, el ambiente agreste y la sequedad ambiental "lo complica mucho".
Además, las poblaciones más cercanas están a menudo a cientos de kilómetros.
A diferencia del ascenso al Everest, cuando uno trepa estos volcanes "tu única compañía son las vicuñas y los cóndores", apunta el montañero.
Si supera este reto, a Viñals, el primer hombre en coronar las cimas más altas de las siete islas más grandes del mundo, ya le espera un nuevo desafío: completar las 50 cumbres más prominentes del mundo.
Hasta ahora ha culminado 33. Las que restan son prácticamente inaccesibles: se encuentran en las zonas prohibidas de China, en los territorios de las FARC en Colombia o en regiones inhóspitas de Pakistán y Afganistán.
"El plomo no es saludable para la vida", bromea Viñals. Pero para un hombre como él parece no haber límites. "Me gustaría terminar ese reto", avisa. Y él es de esos tipos que no saben rendirse.