">

EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

Columnas

Diálogo

Caguamita

YAMIL DARWICH

Los habitantes de la Comarca Lagunera nos indignamos al conocer la muerte por envenenamiento de Caguamita, perrito citadino que deambulaba por la colonia La Fuente, que era muy querido por los habitantes de la zona.

Narran los medios de comunicación que no pocos niños jugaban con el animalito, que correspondía a los cariños de los menores; tampoco las amas de casa eran ajenas a la realidad de su existencia y le daban de comer. Se ganaba el cariño de aquellas que iban de compras al supermercado y hasta algún abuelo encariñado con el animalito le escribió pensamientos.

Al parecer, un enfermo mental lo envenenó provocando sufrimiento psíquico entre los colonos que protestaron y hasta le hicieron un homenaje a Caguamita, manifestándose con un "¡Ya basta!" refiriéndose al maltrato animal. Las autoridades callaron.

Otro caso, recientemente publicado en El Siglo de Torreón, muestra el momento en que "un perro blanco, de tamaño grande y pelaje raso, intenta despertar a través de movimientos, lamidas y otros esfuerzos a un can de pelo negro, que yace en la banqueta, aparentemente sin signos de vida".

Ambos casos -hay más- me llevan a invitarlo a reflexionar sobre el abuso y la agresión que, en muchos casos, inician con animales y terminan provocando tragedias humanas.

El maltrato animal no es ajeno al mundo y, en México, constantemente somos enterados de orates que los maltratan: arrastrándolos atados a un automóvil que corre velozmente; aquellos que los sacrifican ahorcándolos, mostrando un sadismo grave; o el desquiciado que lanzó a una perrita a un caso de aceite hirviendo son ejemplos.

Otros abusivos los maltratan condicionándolos a que "hagan monadas" y trabajen en circos y calles para agenciarse unos pesos ante su incapacidad de adaptación social y capacidad de trabajo respetuoso.

Recordemos los espectáculos de circos, que exhibían animales "amaestrados" haciendo peripecias y actos artísticos que llegamos a aplaudir y admirar; otros, domadores que con castigos físicos inaceptables los obligan: hacerlos saltar sobre planchas calientes -por el dolor de las quemaduras-, latigazos o ayunos prolongados, son algunos de los recursos de tales desalmados.

Los zoológicos del mundo son otros ejemplos; pocos tienen condiciones mínimas aceptables para la salud y tranquilidad de los animales.

Tal comportamiento puede deberse a desequilibrios fuertes emocionales, que además van incrementándose en cantidad y profundidad, hasta la agresión a humanos. Es un intento de desahogo a situaciones sociales no controladas por tales sujetos: les llaman impulsivos.

En trastorno social es descrito en la medicina como apéndice del campo del desequilibrio neurótico que busca alivio en el maltrato.

Algunos presentamos trastornos en la conducta -común en menores- ante situaciones de ira y desajuste emocional. Los casos deben ser tratados antes de que profundicen y el tratamiento es educación y socialización de la persona afectada.

Existe lo conocido como desensibilización social, propio de los francamente psicóticos que se manejan en "el campo de la gana" quienes, al no tener consciencia moral, actúan agrediendo con violencia física.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT), frecuentemente observado en excombatientes y otros expuestos a choques emocionales -accidentes fatales, agresión intensa y prolongada, o maltrato físico ejercido con crueldad y por largos períodos- pueden desencadenar tendencias y/o maltrato animal, como manera de controlar su propia angustia o dolor.

En México, se estima que hay alrededor de 25 millones de animales domésticos; los perros son los más comunes, aproximadamente 18 millones, mientras que los gatos representan alrededor de 7 millones. Al no existir censos precisos, el número puede ser mayor, pensando en aves enjauladas o peces en acuarios públicos o familiares. Calculan 100 mil canes en La Laguna.

Es una enfermedad social que no recibe la suficiente atención, que queda delegada a asociaciones protectoras de animales; esas, luchan por combatirla con bajos presupuestos y limitaciones profesionales. Algunos particulares trabajan por su cuenta y ocasionalmente reciben ayuda de otros ciudadanos con alimento y medicamento, aunque casi nadie aporta dinero para que se aplique a mejora de instalaciones.

Existe otro abuso del que no quisiera escribir: se trata de la humanización animal, personas -me incluyo con "Pecas"- que tratamos a nuestras mascotas como si fueran personas, presionándolas a que tengan un comportamiento que rebaza sus capacidades intelectuales. Es extremo que debiéramos evitar para evitarles ansiedad. Los veterinarios lo detectan y diagnostican y explican frecuentemente.

Además de la concientización del problema y la información en el tema, debemos encontrar maneras -según posibilidades individuales- de apoyar el esfuerzo de asociaciones, como los albergues Corazón Canino, Perros amigos por siempre, o Apoya y salva un perro- fácilmente identificados en la red y, ante todo, aplicar el principio de la prevención en el trato y maltrato animal, basados en la educación de los menores.

A veces me quedó pensando en sí "¿verdaderamente, los humanos, somos animales racionales? ¿Tiene mascotas en su casa?

[email protected]

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: Diálogo Columnas Editorial

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2373890

YouTube Facebook Twitter Instagram TikTok

elsiglo.mx