Rafael Delgado Hernández, es un abogado que ha dedicado su vida al servicio dentro de su profesión; ocupando diferentes puestos públicos, con maestría en Dirección de Organizaciones, especializado en resolución pacífica de conflictos -nombre del texto que les comento en esta entrega- y otros distintos diplomados y cursos de especialización, siempre orientados a la búsqueda de la aplicación de la justicia. Un interesado en el cuidado de la salud integral de la familia.
Entre todos sus estudios y desempeños laborales, sobresale su verticalidad profesional, reconociendo un hombre de bien que busca justicia. Me consta.
Nos escribe en su texto que "los conflictos familiares son comunes dentro de la vida de la pareja (…) y al no ponernos de acuerdo, vendrían las desavenencias, posibles discusiones, problemas y conflictos".
Advierte: "en la familia, motor que nos mueve, es importante que enfoquemos nuestra capacidad e inteligencia en la solución del conflicto, en lugar de consumirla pensando solamente en el problema".
No ofrece conceptos básicos, técnicas y describe capacidades que nos permiten salir triunfantes en un problema familiar.
Quienes conocen los principios de terapia familiar y de pareja, encontrarán en el texto una metodología básica, que sin duda será de utilidad y complemento para aclarar dudas; los consejeros familiares, las congregaciones religiosas y todos aquellos que enfrentan profesionalmente la patología familiar y de pareja, hallarán otros "tips" para compartir con sus aconsejados.
También es sabido que cuando la pareja padece sufrimiento emocional por algún conflicto en la relación entre ambos, aparece el enojo, desencanto del otro y se favorece la agresión verbal y hasta física; como consecuencia, todos los integrantes de la familia entran en conflicto. Recordemos que los hijos sufren y deben enfrentar las consecuencias, apareciendo en algunos de ellos sentimientos culposos que no les corresponden y debemos atender.
Propone un enfoque centrado en lograr la conciliación o reconciliación utilizándola como arma poderosa, buscando atender el problema por medio de la "solución amable y cooperativa de las partes".
Enumera las distintas actitudes y diferentes maneras de enfrentar un conflicto; entre ellos: reconocer la actitud dominante de alguna de las partes -frecuentemente del varón- y descubrir como alguno de los dos cede, creyendo que es la única manera de detener el conflicto. Sabemos que esa actitud solo genera retardo del problema haciendo una "implosión" que terminará generando una "explosión" mayor.
En otros casos, cualquiera de los integrantes de la pareja puede caer en lo que él llama "evitación", adoptando la opción de "no hacer nada" para atender el problema, esperando que se arregle por sí solo. Difícilmente sucederá.
Para la atención del conflicto de pareja, es necesaria la colaboración de un mediador, asesor o terapeuta entre ambos, que facilite la comunicación, para que la solución emerja de ellos mismos.
Sabemos que, en tales casos, la polarización está presente y requiere del apoyo de un profesional competente. Cuidado con aceptar la mediación de personas no capacitadas, mal preparadas, por bien intencionados que sean; ellas están influidas por relación entre los conflictuados.
Nos enumera las actitudes que provocan conflicto en la pareja; entre otras: enojo, miedo, rencor, violencia.
También menciona palabras claves que ayudan a resolver el conflicto, tales como: colaboración, serenidad, asertividad, buena fe y empatía en el análisis del conflicto.
Los listados que nos hace son de utilidad para que la pareja los analice, ayudándoles a deshacerse de las actitudes negativas que ensombrecen la comunicación y la relación.
Luego, recomienda apoyarse en la familia nuclear, reconociendo la importancia que siempre ha tenido para alcanzar logros y felicidad de los conflictuados, haciéndonos recordar que hombre y mujer son diferentes por naturaleza y, por tanto, comprendamos que en la pareja puede existir distinta ponderación de las cosas de importancia. Me recordó a Mario Benedetti: "te quiero porque codo a codo somos mucho más que dos".
Escribe principios entre la pareja: no ofender, ni agredir para lastimar; acostumbrarse a la comunicación directa y sencilla, clara y sin rodeos, respetuosa, utilizando palabras amables y evitando reproches o acusaciones; ante todo, no levantar la voz.
Aprender a escuchar al otro con profunda atención en lo que quiere expresar. Escribe: "la naturaleza es tan sabia, que ha dotado a la persona de dos oídos para escuchar el doble de lo que hablamos (…) y una boca para hablar solamente la mitad".
Cierra reflexionando sobre el perdón; asimilar que separación y/o divorcio son la última de las decisiones y cita: "ámame cuando menos lo merezca ya que es cuando más lo necesito" -proverbio chino-.
Lo invito a reflexionar sobre el tema, trabajar las inquietudes para construir una verdadera felicidad a partir de la buena relación de pareja y de ambos con la familia. Le recomiendo que busque y lean el texto.
¿Cómo andamos en las relaciones humanas, de pareja y familia?