
Pasado. El mural otorgaba un carácter único y bello a esa esquina donde estaba la Fiduciaria y Financiera.
Hoy, como tantas veces, me detengo en avenida Morelos y la calle Rodríguez, en Torreón.
En esa esquina existe un muro que ostenta una historia, la cual me inquieta sobremanera. Por eso es que escribo estas líneas; creo que es tiempo de revelar el secreto y la duda que me atormenta.
Caminamos con prisa y ni siquiera nos podemos imaginar que ahí, en esa esquina, hubo un magnífico mural realizado por don Raúl Esparza (que en paz descanse), porque ahí, hace varias décadas, estuvo ubicada una compañía Fiduciaria y Financiera.
Se preguntarán, con justa razón, quién es Raúl Esparza. Bueno, él fue un prolífico maestro que experimentó con tantas técnicas de pintura y nos regaló a los laguneros muchos, muchos murales en Torreón, Coahuila, y Gómez Palacio, Durango.
Estoy segura de que ustedes han visto el mural en mosaico de la Facultad de Economía y Administración (FCA) sobre el Boulevard Revolución, el mural de cerámica en la Parroquia de Torreón Jardín, el magnífico mural en el interior de la Iglesia de la Encarnación en el Campestre La Rosita y el mural de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) en Torreón. Todos y cada uno de estos murales citados, son obra de Raúl Esparza, a quién he estudiado y sus trabajos me han maravillado siempre.
Sigo con mis pensamientos, permaneciendo de pie en la esquina de Morelos y Rodríguez, tengo una fotografía a color de ese mural desaparecido que me obsequió generosamente el arquitecto José Sánchez Izquierdo, hace ya muchos años.
Tantas veces yo había escuchado a mi madre hablar de ese mural cuando ella y su generación, en su juventud dorada, salían a "morelear", a pasear en la avenida Morelos, en los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Tengo la foto en mi mano, los colores son vibrantes, veo un sol ardiente, redondo, calcinante a la derecha, hay tierra que recibe el calor del astro rey, una bomba de riego y, en el centro del mural, se alza una mata de algodón, rebosante de capullos blancos, en un cielo azul que va oscureciendo hasta caer la noche.
Ese mural otorgaba un carácter único y bello a esa esquina donde estaba la Fiduciaria y Financiera.
En este momento quisiera tener una escalera y acercarme al muro negro que hoy se coloca frente a mí, para averiguar si aún existe el mural y ya quitarme la inquietud.
Y quisiera, así de cerca, mirar ese muro negro y descubrir con fascinación que el mural de don Raúl está escondido aún y que espera ser rescatado, salir a la luz.
Y si yo conociera al propietario de ese edificio, le diría que nos permitiera rescatar esa obra de arte. También le diría que en Obras Públicas del Ayuntamiento de Torreón, hay un abundante presupuesto en el rubro de Centro Histórico, que específicamente se debería de encargar de salvaguardar, rescatar y restaurar los edificios históricos catalogados del Municipio (esto es para ayudar a sus propietarios en la conservación). Y que, sin embargo, en este caso específico, no es un edificio como tal lo que debemos recuperar, sino una obra de arte público, un mural hecho por un gran artista y por eso es tan importante rescatarlo, ponerlo en su justo valor.
En el Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE) del Ayuntamiento, sé que hay personas expertas en arte y sé que ellos aprecian el legado de don Raúl Esparza. Antes de seguir mi camino, me gustaría imaginar que el mural de la antigua Fiduciaria y Financiera, no lo demolieron y está ahí esperándonos, ¿hasta cuándo?