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Grupos terroristas

JORGE RAMOS

La geografía no es lo suyo. Para Donald Trump las fronteras son para saltárselas. Igual quiere apropiarse de Groenlandia, Gaza, Canadá y el canal de Panamá que cederle a Rusia parte del territorio ucraniano y dictar cómo se combate a los cárteles de las drogas dentro de México. La pregunta es cómo desinflar a este ser que se expande.

La respuesta es: contestando con firmeza y frialdad. El silencio y la neutralidad siempre le dan más fuerza al "bully". Ya decía el premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel, que la neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima.

Esta semana le ha tocado a México responder a los instintos expansionistas del nuevo gobierno estadounidense. Estados Unidos designó a ocho grupos como "organizaciones terroristas extranjeras", incluyendo a seis cárteles mexicanos de las drogas, al venezolano Tren de Aragua y a la pandilla salvadoreña MS-13. Esta designación - igual que la que recibió Al Qaeda luego de los ataques terroristas en Estados Unidos en 2001 - facilita la incautación de cuentas y bienes, y el arresto de cualquier persona vinculada al tráfico de fentanilo y otras drogas.

El argumento de Estados Unidos es sencillo: Los cárteles mexicanos son, en parte, responsables de la muerte de 105 mil estadounidenses que, según cifras oficiales, perecieron por sobredosis en el 2023. (Las cifras de otros años son similares.) Y urge hacer algo al respecto. Para el gobierno de Trump, es inútil discutir si el consumo de drogas genera la oferta o viceversa. O si los cárteles mexicanos usan armas vendidas en Estados Unidos.

Esta designación de organización terrorista internacional no especifica la intención de Estados Unidos de atacarlas militarmente, para destruir a sus líderes y sus laboratorios. Pero eso es exactamente lo que dijo el asesor presidencial, Elon Musk, en una publicación. "Eso significa que son elegibles para ser atacadas con drones", escribió en X, la red social de la que es dueño. Esto coincide con lo que declaró hace unos días en la frontera el nuevo secretario de defensa, Pete Hegseth, sobre la posibilidad de realizar operaciones militares dentro de territorio mexicano. "Todas las opciones están sobre la mesa", dijo.

No.

No todas las opciones están sobre la mesa, ha dicho de varias maneras Claudia Sheinbaum, la presidenta de México. Cuando CNN y The New York Times reportaron hace unos días sobre las operaciones de espionaje de drones de la CIA sobrevolando territorio mexicano, ella explicó que, en realidad, se trataba de una colaboración entre ambos países iniciada en la época de los presidentes Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador. La verdad es que eso es noticia: Nunca se había reportado específicamente de dicha colaboración ni de la autorización del gobierno de México para que sobrevolaran drones de la CIA sobre territorio mexicano.

Todo esto pone al gobierno de México en una posición muy difícil. No puede salir a defender públicamente a los violentos cárteles de las drogas, ni insistir en la fallida política de "abrazos, no balazos" que tantos muertos causó. Pero tampoco puede permitir que Estados Unidos realice unilateralmente operaciones militares o de grupos especiales dentro del país.

Por eso la presidenta ha insistido en varias mañaneras sobre el asunto de la soberanía. Colaboración y coordinación, sí, ha dicho, pero injerencia, invasión y subordinación, no. Así Sheinbaum propuso dos cambios a la constitución (de los artículos 19 y 40) para condenar y sancionar cualquier intervención extranjera. Pero es muy poco probable que estos cambios constitucionales vayan a disuadir a Trump, a Musk y a su grupito de halcones.

El balance que ha logrado Sheinbaum con Trump es muy precario, pero es un balance al fin. Incluso el propio presidente la felicitó públicamente por haberle sugerido una campaña contra el consumo de drogas en Estados Unidos. Dijo que era una "mujer maravillosa". Aunque las señales de precaución están por todos lados; Trump tiene un largo historial de darle la espalda a sus amigos y a quienes ha elogiado en el pasado.

México ya cedió en muchas cosas: recibirá a migrantes deportados de Estados Unidos aunque no sean mexicanos, reimplantó el programa "Quédate en México" para quienes intentaban llegar al norte, ha autorizado en su territorio vuelo de drones estadounidenses y permitió que fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos realizaran entrenamientos en México junto con la marina mexicana, según reportó The New York Times. Pero la línea que no se cruza es la de la soberanía y la extraterritorialidad.

Sheinbaum es una presidenta muy popular y, sin duda, recibiría un enorme apoyo en caso de algún intento de intervención extranjera. Pero el truco está en no dejar que los peores impulsos de Trump se desborden y evitar llegar a ese punto. Y ese es un reto histórico.

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