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La ley del Talión

J. SALVADOR GARCÍA CUÉLLAR

La palabra latina Talis significa igual o similar, luego los romanos emplearon la voz Talión para designar a una ley antigua conocida por ellos, y que consiste en retribuir de forma similar algún daño recibido.

Ley del talión es un conjunto de normas jurídicas por el cual se imponía un castigo idéntico al delito cometido.

Este principio jurídico está consignado en el Código de Hammurabi, escrito en 1750 a. C. por un rey del Imperio Babilónico así llamado: Hammurabi. Ahí no hay una formulación directa de la ley, sino que se plantea a través de diversas disposiciones, como "Si un hombre le vacía el ojo a otro hombre, se le vaciará su ojo", o también: "Si alguien le rompe un hueso a otro hombre, se le romperá su hueso".

Las disposiciones en el Código de Hammurabi varían según el estatus social del afectado y del sujeto activo, pues si un hombre libre rompía el hueso de otro, su propio hueso debía ser roto, en cambio, si un hombre libre mataba a un esclavo, la retribución no era la muerte, pues el daño no se lo hizo al occiso, sino al dueño de él, por tanto, el castigo era una compensación económica al propietario. El monto de este pago debía ser equivalente al precio tasado para el cautivo, entonces la pena era equiparable al daño, pero no idéntica.

Leyes muy semejantes a la de Hamurabi estuvieron vigentes en el pueblo de Israel, y están consignadas en la Biblia. En los libros del Pentateuco la ley del talión aparece varias veces con formulaciones diversas, por ejemplo: "El que quite la vida a otro ser humano será condenado a muerte" según el Levítico, o como prescribe el Éxodo: "Pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe". El libro del Deuteronomio va más allá, pues dice que el afectado no tendrá compasión del culpable y una vida se pagará irremisiblemente con otra vida.

En algunos casos, en el pueblo de Israel la intención de estas leyes era evitar los abusos al momento de sancionar un daño, pues si un hombre más poderoso que el castigado aplicaba o exigía la aplicación de una pena a manera de retribución, con frecuencia reclamaba más de lo que había perdido por la acción dolosa del sujeto activo del perjuicio.

Es evidente que no en todos los casos se puede aplicar la ley del talión, y así lo vieron los antiguos israelitas, pues dice el Éxodo: "Y si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta, sin haber otro daño, ciertamente el culpable será multado según lo que el esposo de la mujer demande de él"; es decir, no es posible obligar a los varones a que aborten, por esa razón deben retribuir el daño con recursos pecuniarios según el criterio del afectado.

Muy probablemente los judíos tomaron de su entorno cultural esta norma y atribuyeron a Moisés, el gran legislador, su promulgación. Lo más seguro es que sin evolucionar gran cosa, la norma se aplicó ampliamente en las diferentes etapas históricas de este pueblo.

En los sistemas de derecho actual esta fórmula se toma como desproporcionada, aunque la Ley del Talión prescriba la igualdad de la pena con el daño, lo que se supone persigue la justicia retributiva. Aun así, en algunos países todavía existe la pena de muerte para quienes han privado de la vida a un semejante; esto equipara a dichas legislaciones con la antiquísima y primitiva ley. Consideramos que la pena de muerte es equivalente a la del talión, y juzgamos como una aberración que el estado prive de la vida a alguien, por muy culpable que sea.

En las primeras ediciones del Catecismo de la Iglesia Católica se afirmaba la licitud de la pena de muerte en casos extremos, pero desde la edición de 2018 hubo una nueva redacción del número 2267, donde ahora dice que es inadmisible la pena de muerte porque va en contra de la inviolabilidad y la dignidad de la persona humana,.Entonces, podemos observar que esta institución, en coherencia con su misma doctrina, se aparta de la ley del talión.

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