Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche dijo ayer:
-El 2 de abril de 1867 Porfirio Díaz venció en una gran batalla a los franceses. Brindemos por él.
Comentó luego:
-Si nos oyeran los historiadores al servicio del gobierno tomarían a mal nuestro homenaje. Han condenado al basurero de la Historia a don Porfirio. Pero mira: en mi cineteca tengo una extraña película francesa que se llama "Paris, je t'aime!". En ella aparece brevemente Gerard Depardieu, quien ahora anda en problemas por haber metido la nariz donde no debía. Una de las escenas de ese film muestra la tumba del general Díaz en el cementerio de Montparnasse. Al pie de su cripta hay ramos de flores, llevados seguramente por quienes lo consideran un gran mexicano que dio paz y prosperidad a nuestro país y que tuvo el supremo patriotismo de la renunciación. Se había opuesto a los Estados Unidos en diversos asuntos, y supo que los americanos apoyarían el levantamiento en su contra. Prefirió dejar la Presidencia y marchar a un honroso exilio antes que ver a México bañado en sangre. Las culpas de don Porfirio fueron las propias de su tiempo; sus numerosos aciertos fueron de él.
Así dice mi amigo. Creo que dice bien.