El rey Cleto envió al Parlamento una iniciativa en la cual proponía que en adelante las pelotas, en vez de ser redondas, fuesen cuadradas.
Todos los miembros del Parlamento habían sido designados por el rey, de modo que todos votaron en favor de la propuesta.
El tesorero del monarca se vio en la precisión de erogar una fuerte suma del erario a fin de cubrir los gastos que ocasionó la destrucción de todas las pelotas redondas y para indemnizar a sus pequeños dueños.
Resultó que las pelotas cuadradas fueron un fracaso.
No botaban bien, por más que la propaganda oficialista aseguraba que la cuadratura era parte de una gran transformación social.
Las pelotas ordenadas por el rey Cleto han quedado en el abandono. Uno de sus ministros se atrevió a decirle: “No es posible violar las leyes de la física”.
Replicó el monarca: “No me vengan con ese cuento. Derogaré esas leyes”.
Emitió, en efecto, un decreto para derogarlas. Aun así las pelotas siguen sin funcionar.
¡Hasta mañana!...