De los 56 conflictos armados vigentes, los que más relevancia tienen en el cambio de orden global que vivimos son dos: Europa del Este y Oriente Medio. Más allá de sus particularidades, ambos conflictos poseen una serie de características que los asemejan y vinculan y que, además, vuelve muy compleja su solución. Antes de dichas características, quiero mencionar una diferencia sustancial: el conflicto en Europa del Este es mucho más focalizado y definido que el de Oriente Medio, que tiende a ser más disperso y difuso en sus frentes y bandos.
Las raíces profundas de ambos conflictos están entre 1917 y 1918, durante la caída de tres viejos imperios al final de la Primera Guerra Mundial: el Austro-Húngaro, el Ruso y el Otomano. Hasta la Gran Guerra que estalló en 1914, el territorio ucraniano estaba dividido entre los dominios de los Habsburgo, en la parte más occidental, y de los Románov, el resto del país. En 1917 el Imperio Ruso sucumbió producto de la revolución comunista. En 1918 el Imperio Austro-Húngaro se desmembró como consecuencia de la derrota de las Potencias Centrales. En ese contexto el nacionalismo ucraniano surgió, aunque no tardó en ser derrotado por el comunismo que incorporó a Ucrania a la URSS.
Por esos mismos años, el Imperio Otomano, coligado con las Potencias Centrales, colapsó al finalizar la Primera Guerra Mundial. Sus antiguos dominios fueron repartidos principalmente entre Reino Unido y Francia y la naciente República de Turquía, heredera del extinto imperio. Siria y Líbano quedaron bajo el mandato de Francia. Irak y Palestina, bajo Reino Unido. En 1917 se emitió la Declaración Balfour que comprometió al Reino Unido en la creación de un "hogar nacional judío" en Palestina, con lo que se sentaron las bases para el conflicto árabe-israelí. Como podemos observar, ambos conflictos tienen su origen en la época de caos y transición que fue el primer cuarto del siglo XX. Hoy, en el primer cuarto del siglo XXI, vivimos una nueva época de caos y transición, y ambos conflictos brotan como heridas sangrantes de un mundo que, como ayer, se transforma violentamente.
Los antecedentes más recientes de la guerra de Europa del Este y el conflicto en Oriente Medio podemos hallarlos en la década de 2010. En el caso de Oriente Medio, el estallido de las guerras civiles en Siria, en 2011, y la guerra civil en Yemen, en 2014, así como los constantes avances de Israel en los territorios palestinos durante toda la década, y sus frecuentes choques con Hamás, figuran entre los más importantes. Las guerras siria y yemení se convirtieron muy pronto en conflictos internacionales con milicias y grupos extremistas, potencias regionales y mundiales involucradas. En Palestina, desde entonces el apoyo financiero, militar y político de Estados Unidos ha sido determinante para el proyecto sionista del gobierno israelí.
En cuanto a Europa del Este, el origen reciente de la guerra se ubica en 2014, cuando la caída del gobierno filorruso de Víktor Yanúkovich llevó a Rusia a anexionarse Crimea y a apoyar la rebelión de las milicias prorrusas del Donbás ucraniano. La invasión rusa a Ucrania ocurrió en febrero de 2022, cuando Moscú movilizó a decenas de miles de soldados desde las fronteras hasta el interior de su vecino. El presidente ruso Vladimir Putin la llamó una "operación militar especial" para, entre otros argumentos, defender a los rusos étnicos del Donbás, "desnazificar" Ucrania y evitar que se integre a la OTAN.
El episodio en proceso de la guerra en Oriente Medio detonó en octubre de 2023, cuando el grupo extremista Hamás atacó objetivos civiles dentro Israel y asesinó y secuestró a cientos de personas, como respuesta al constante asedio de parte de las fuerzas israelíes contra la población palestina de Gaza y Cisjordania. Otro objetivo de Hamás fue sabotear los Acuerdos de Abraham, con los que la primera administración Trump pretendía normalizar la relación entre Tel Aviv y sus vecinos árabes y, como consecuencia, aislar la causa palestina. La reacción de Israel fue desproporcionada desde muy pronto, con una estela de destrucción y muerte que suma ya decenas de miles de fallecidos entre los palestinos, en su mayoría civiles, y ataques que se han extendido hacia Líbano, Siria, Yemen e Irán.
Una de las características más evidentes de ambos cuadros de conflicto es su alcance internacional y el choque de intereses geopolíticos de bandos más o menos definidos. En Oriente Medio, detrás de las acciones de Israel está el apoyo económico y militar de EUA, principalmente, pero también de Alemania, Italia, Reino Unido, Francia y España. Es decir, Occidente. Frente a Israel se ha plantado una agrupación de fuerzas conocida como el Eje de la Resistencia, liderado por Irán y conformado también por la milicia libanesa de Hezbolá, Hamás, la Yihad Islámica y otras fuerzas palestinas, grupos islamistas chiíes de Irak, los rebeldes hutíes de Yemen y las tropas sirias de resistencia del antiguo régimen de Bashar Al Asad, entre otras organizaciones. Irán, además, cuenta con el apoyo político y económico de Rusia y China, quienes han exigido recientemente a EUA que suspenda las sanciones contra Teherán por el desarrollo del programa nuclear.
Dos potencias regionales que operan más bajo sus propios intereses que alineados con alguno de los bandos, son Turquía y Arabia Saudí. La primera fue un factor determinante en la caída del régimen de Bashar Al Asad en Siria, al brindar apoyo al grupo terrorista HTS, que se hizo con el poder en Damasco en diciembre de 2024. Además, el régimen turco es hostil hacia las fuerzas kurdas de Siria e Irak que buscan la creación de un Estado kurdo, fuerzas que han recibido apoyo de EUA para enfrentar al grupo terrorista Dáesh. Además, Turquía forma parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que encabeza EUA, pero es socio de diálogo de la Organización de Cooperación de Shanghái (OSC), que lidera China, y a la cual pertenece Rusia, con quien Ankara mantiene una relación cordial a pesar de sus intereses encontrados en Siria. Por su parte, Arabia Saudí, al igual que EUA e Israel, combate a los rebeldes hutíes en Yemen, aunque se declara a favor de la creación de un Estado palestino y en contra de los ataques israelíes a la población de Gaza y Cisjordania.
En la guerra de Europa del Este, el cuadro es un poco menos complejo. Si Ucrania ha podido defenderse es gracias al apoyo político, económico y militar de EUA, Reino Unido y la Unión Europea. Rusia ha contado con el respaldo directo de Bielorrusia, Irán, Corea del Norte y de forma velada, pero no por eso menos importante, de China e India. En suma, ambos conflictos superan la regionalidad y adquieren una dimensión internacional en la que aparecen los intereses de la Alianza Atlántica y de la Entente Euroasiática. En el próximo artículo revisaré las implicaciones ideológicas, geoeconómicas y humanitarias.
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