Por alguna razón que aún no me queda clara, las vacaciones de primavera son las más esperadas del año. Como cuando en una carrera se espera el último día y luego el momento del banderazo de inicio, así es como pasa la espera.
Quizás el equinoccio de primavera nos pone festivos e inquietos o como sucede en la cultura Celta que celebra el renacimiento y la renovación con la fiesta de Ostara, como sea, el periodo vacacional de primavera inicia con gran entusiasmo y rememoraciones. En la mayoría de los casos los laguneros planean los tradicionales "días de campo" en algunos de los parajes que nos ofrece la naturaleza árida de la Comarca Lagunera. Pero no es precisamente el paisaje árido y sus amenidades ambientales en lo que se piensa,si acaso aquellos que son aficionados al senderismo lo hacen, no, lo más atractivo es un lugar con la presencia de un cuerpo de agua y su biodiversidad asociada, principalmente vegetal, que entre otros servicios ambientales nos aporta una plácida y fresca sombra. Y, localmente, lo único que cuenta con estas características es el ambiente ripario: el río Nazas principalmente y en menor grado el río Aguanaval.
Aunque tendríamos que reflexionar acerca de lo que hoy son los días de campo. Tenemos que aceptar que los tradicionales días de campo se han sofisticado muchísimo, para empezar el uso intensivo de los desechables que por un mal hábito combinado con ignorancia se desechan en el mismo lugar que se usan, hoy es muy difícil encontrar un lugar sin estos adornos de unicel principalmente que, con el paso del tiempo, se degradan y se convierten en uno de los microplásticos más peligrosos, que luego van a parar a nuestros pulmones o al estómago de cualquier habitante del río, causando daños a la salud.
La tranquilidad de los parajes también ha sido trastocada por algunos medios de transporte que se han puesto de moda en un determinado sector de la sociedad, como los racers que además de sus motores, su equipo de sonido y tipo de música se unen a los escapes abiertos de las motos todo terreno que sin pudor alguno u asomo de bochorno anulan todos los sonidos naturales del río: el chapoteo de los patos, el aleteo de las garzas, el sonido del agua y de la vegetación, todo deja de oírse y se acaba cualquier posibilidad de pasar un rato tranquilo y apacible.
Las vacaciones de primavera en la Comarca se pueden considerar como visitas masivas y de corta duración que se han intensificado por desgracia en sitios de alto valor biológico como el Cañón de Fernández. Lo cual ha generado impactos negativos en diversos ecosistemas: erosión del suelo, contaminación por residuos, deterioro de la flora y perturbación de la fauna.
Frente a estos desafíos, la aplicación de estrategias para un turismo sostenible, que permitan la conservación de ecosistemas sin renunciar al disfrute de los beneficios de alto valor ambiental, son ya una necesidad.
Estrategias como la regulación de visitantes, estableciendo límites en la cantidad de turistas por día, ayuda a reducir el impacto.
Desde luego, no está de más reiterar que la educación y la concienciación es la base de cualquier programa de turismo regional, para ello es fundamental informar a los visitantes sobre la importancia de la conservación y promover prácticas responsables como no dejar basura y respetar la fauna; además, fomentar el senderismo con guías locales así como el avistamiento de fauna sin perturbación.
Minimizar la huella ecológica del turismo temporal y masivo tendría que ser una prioridad.