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Represión al movimiento LGBT+ en Rusia; la homofobia hecha ley

La persecución institucional hacia todo individuo que se aleje de la heteronormatividad se ha intensificado tanto que ha llegado al grado de clasificarlos como pertenecientes a organizaciones extremistas.

El rostro de Putin en un cartel pro-LGBT+.

El rostro de Putin en un cartel pro-LGBT+.

KATHERINE BRICEÑO

Desde que Vladímir Putin ocupó por primera vez la presidencia de Rusia, en el año 2000, el gobierno de este país se ha enfocado en promover ideas conservadoras para preservar a la “familia tradicional”. Para las instituciones, la comunidad LGBT+ se trata meramente de una degeneración propia de Occidente, ajena a las prácticas y valores rusos. 

Antes de continuar, es preciso mencionar que se conoce como comunidad LGBT+ al grupo poblacional cuyas orientaciones son distintas a la heterosexualidad y cuya expresión de género no es heteronormada. Estas siglas significan “lesbianas, gays, bisexuales y transexuales”, aunque también incluye a los intersexuales, queers, asexuales, etcétera. Fue en los años noventa cuando este término comenzó a tener su auge; primero en los países de habla inglesa y, después, en el resto del mundo. Con el transcurrir del tiempo, estas siglas se usaron para referirse a todo lo relacionado con la diversidad sexual. 

En noviembre de 2023, el Ministerio de Justicia en Rusia declaró que se encontraba en proceso para reconocer legalmente al movimiento LGBT+ como una organización extremista, con el fin de prohibir que realizaran actividades dentro del país. Quienes resulten responsables de este “delito” o, peor, que sean participantes activos de la comunidad LGBT+, pueden ser acreedores a sanciones de hasta 10 años de cárcel. Además, aquellos que se encuentren en un proceso penal —o que hayan pasado por uno— por pertenecer a este movimiento se verán expuestos a que sus cuentas bancarias sean bloqueadas e, incluso, a tener dificultades para encontrar un trabajo. 

La directora de Amnistía Internacional para Europa Oriental y Asia Central, Marie Struthers, declara que esto no es más que una medida cuyo objetivo es la deshumanización de las personas LGBT+, pues las dejaría a merced de las autoridades rusas, convirtiendo sus derechos humanos en delito. Es decir, se trata de una práctica meramente discriminatoria. 

Detención de un manifestante LGBT+ en San Petersburgo. Foto: Reuters
Detención de un manifestante LGBT+ en San Petersburgo. Foto: Reuters

Cabe mencionar que no es algo nuevo que Rusia se declare en contra de la diversidad sexual. Hasta 1993, la homosexualidad se consideraba un delito que debía ser sancionado y, años después, en 1999, se catalogó como una enfermedad mental. En 2013 se prohibió, mediante una ley, cualquier representación positiva del movimiento LGBT+, pues los legisladores aún estaban convencidos de que la homosexualidad era algo que debía ser “curado”. 

Este marco legal dio paso a que las agresiones y ataques ejercidos contra la comunidad no se procesaran como actos de discriminación, sino que fueran justificados con otras razones supuestamente no homofóbicas. 

FACTORES PARA LA HOMOFOBIA 

La homofobia es un término propuesto por el psicólogo clínico y escritor estadounidense George Weinberg, en la década de 1960, para definir a los actos de discriminación en donde se rechaza y se agrede a las personas con una orientación sexual o identidad de género distinta a la que se cree “normal” en la sociedad. Existen distintas razones para que este tipo de represión ocurra, como la religión, pues muchos cultos consideran a la diversidad sexual como pecado. Otro factor es la cultura, ya que el nivel y tipo de educación, la clase social, etnia o edad moldean el pensamiento de los humanos. Finalmente, las instituciones pueden tener motivos para reprimir a las minorías o poblaciones vulnerables, generando desigualdad para que sólo cierto grupo conserve los mayores privilegios sociales. 

La homofobia institucional consiste, entonces, en la discriminación —de forma tangible e intangible— creada y propagada desde dentro de las organizaciones, empresas, gobiernos, etcétera. Comúnmente se lleva a cabo mediante la inexistencia de políticas públicas, reglas o leyes que signifiquen una protección y garantía de seguridad para quienes se encuentran fuera de lo aceptado en temas de sexualidad. 

Arrestos en Club Pose. Fotos: 56.ru
Arrestos en Club Pose. Fotos: 56.ru

AGRESIONES 

En un discurso desde el Kremlin, el 9 de mayo de 2022, para conmemorar la incorporación ilegal de cuatro regiones ucranianas a Rusia, Putin manifestó su descontento hacia Occidente y la comunidad LGBT+, pues mencionó que su país no sólo se encontraba en una lucha contra Ucrania, sino también contra los valores “satánicos” de ese lado del mundo. 

No se trata, como era de esperarse, de la primera vez que daba un discurso discriminatorio. En una entrevista otorgada al periódico londinense Financial Times, en 2019, encasilló como “crimen contra la humanidad” a cualquier acto contradictorio a sus ideales conservadores. 

Recientemente, en marzo de 2024, la policía nacional apareció en el club gay llamado Club Pose, donde se realizaba un espectáculo de drag queens, obligando a los presentes, entre artistas del show y espectadores, a tirarse en el piso boca abajo, al mismo tiempo que los semidesnudaban y decomisaban su vestuario. Algunos clientes pudieron capturar videos del suceso, mismos que se volvieron virales en redes sociales debido a la inconformidad de los cibernautas, pues, además de la redada, el lugar fue clasificado como responsable de la organización de grupos extremistas. 

Por tales motivos, muchos integrantes del movimiento LGBT+ han decidido irse de Rusia, de acuerdo al artículo publicado por el periodista Fran Sánchez Becerril, en febrero del 2023, relatando el testimonio de Katya, participante de la comunidad que se vio orillada a huir del país tras darse cuenta de la inseguridad a la que estaba expuesta. Las pocas organizaciones que significaban una red de apoyo para quienes formaban parte de este movimiento comenzaron a desaparecer, por lo que cada vez hay menos respaldo para la libertad sexual. 

Si las instituciones prefieren callarse antes de accionar contra los actos de discriminación sexual, se convierten en un cómplice más de esta. En el caso de países como Rusia, más que perpetuar la homofobia por omisión, se fomenta a través de leyes que directamente la castigan.

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